Ya casi recuperada del jetlag de la vuelta (que no de la morriña que me ha dado el abandonar por otros 3 meses mi vida en Madrid), con la nevera casi llena de nuevo (o al menos provista de las cosas necesarias... que esta mañana no he podido ni desayunar) y el tanque del Beetle a medio llenar (que la gasolina está muy cara), me dispongo a intentar describir uno de los atardeceres más alucinantes que he visto en mi vida.
Ayer a la salida del trabajo (sobre las seis y media de la tarde... y sí, era un viernes, que aquí lo de la jornada intensiva no se lleva...) Jerry y yo, que éramos los únicos que quedábamos en la oficina, decidimos irnos a tomar una cerveza a Los Gatos antes de quedar con el resto para ir al cine. El cielo estaba plomizo, como si se avecinara una tormenta, pero a la vez amarillento, como si se tratara del cielo de una fotografía antigua en blanco y negro. Fui a mi casa a dejar el coche, dando un rodeo obligado ya que no se podía pasar por enfrente del High School (graduation day) y cuando me bajé del coche y miré al cielo se me quedó la boca abierta.
Como salido de una película de ciencia ficción que relata el Armageddon, el sol brillaba rojo como el fuego en un cielo amarillo. La luz era plomiza. Creía moverme como en sueños en una película de la época de Chaplin. Todo el mundo miraba hacia el sol, quizá en espera de que aparecieran los primeros platillos flotantes... o UFOs, como los llaman por aquí. Incapaz de capturar el momento con la cámara de fotos, lo único que pude hacer fue disfrutarlo y guardarlo en la memoria para intentar relatarlo, como estoy intentando hacer ahora.
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1 comentario:
Tengo la sensación de que cualquier comentario sobre la contaminación no sería muy procedente... Así que tampoco hay mucho que comentar, aparte de que me alegra que hayas disfrutado el momento.
Hasta otra!
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